Vuelvo a mis orígenes: votaré al PSOE el 20-D

Por responsabilidad y -¡cómo no!- por miedo justificado al PP, he decidido volver a mis orígenes: votaré al PSOE en las elecciones generales del próximo 20 de diciembre.

No conozco a ninguno de los nuevos líderes del PSOE (salvo Jordi Sevilla, que me gusta) pero les he seguido con atención y creo que merecen una oportunidad para sanear el partido y reducir el Indice de Corrupción Ambiental (ICA) de España.

Joaquín Almunia abrió hace años el Partido Socialista a los simpatizantes. Creo que yo fui el primero de Almería que, cargado de ilusión, se apuntó en esa lista. Si no me borraron cuando dije, en mayo del 2014, que votaría contra el bipartidismo, mi nombre debe seguir en ella. Me gustaría que así fuera. Si me borraron, al caer sobre mí sobre la oportuna excomunión, ya pueden volver al inscribirme en esa lista de honor.

Sí, Fernando, Manolo, Enrique, Antonio, incluso Fernando Martínez, volveré a votar al PSOE también por la recuperación de mi propia memoria familiar y porque las conversaciones con no pocos amigos me han inclinado a ello. Escarmentado como estoy por las fechorías del PSOE, desde los últimos años deFelipe González hasta el final de Zapatero, creo que los nuevos líderes socialistas merecen, al menos, el beneficio de la duda y, siempre, la presunción de inocencia.

El mes pasado, en un almuerzo de la Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición, que preside mi paisano Andrés Casinello, pregunté a Alfredo Pérez Rubalcaba si debía votar al PSOE, tapándome aún la nariz, o votar a Ciudadanos, tapándome los ojos.

Rápido e ingenioso, como de costumbre, Rubalcaba me respondió:

“Puestos a elegir, yo prefería perder el olfato antes que la vista”.

No le faltaba razón. Desde las europeas hasta hoy, he seguido con atención la renovación de la cúpula del Partido Socialista. Aunque a los nuevos líderes les falta un hervor (¿acaso no les faltaba a Felipe González o a Alfonso Guerra en el 82?), observo en ellos una evolución positiva. Tratan de devolver al PSOE los valores de honradez, solidaridad, justicia y libertad que nunca debió abandonar.

En vísperas de las elecciones europeas de mayo de 2014 publiqué en este blog  una reflexión titulada “Mi voto (no sin dolor) contra el bipartidismo”.  Al final, después de no pocas dudas, voté a Equo. Quería premiar a los del 15-M. Un homenaje a mi hijo Davidque pasó muchas horas en la Puerta del Sol para protestar, como él decía, “contra todo, papá, vamos contra todo”.

Poco después, Marta Rubí me hizo una entrevista para La Voz de Almería. Esta fue su última pregunta:

-” Por último, una pregunta sobre las elecciones europeas, en las que declaró públicamente no haber votado al PSOE:

“Celebro que los dos grandes partidos PP y PSOE se hayan dado este merecido batacazo para ver si espabilan y entienden que hay otra forma posible, y más limpia, de hacer política. En efecto, no he votado a ninguno de los dos. Fui más a la izquierda. Pero no me cambié de chaqueta. Esta vez, solo la llevé a lavar. Como simpatizante, yo sigo vistiendo la chaqueta de los ideales socialistas. Y si aciertan a limpiarlo de corrupción y de malas prácticas y a ilusionar al pueblo, estaré encantado de volver a votar al PSOE. Si no lo hacen, serán irrelevantes para el futuro de España”.

José A. Martínez Soler en la ultima página de La Voz de Almería del 1 de junio de 2014.

Aunque el PP iba mucho peor, hace años que el Partido Socialista se había ido convirtiendo en una ominosa oficina de colocación plagada de nepotismo, enchufismo y clientelismo. El castigo recibido por ello ha sido tan duro como merecido. Creo que los nuevos líderes han lavado la ropa sucia y parecen dispuestos a cambiar.

Hoy no tengo duda: de las cuatro opciones principales que se nos presentan el 20-D, la del PSOE es la mejor para la España que yo quiero para mis hijos y nieto. En esta decisión ha pesado mi cerebro y, ¿por que negarlo?, también mi corazón. El PSOE fue el partido de mis padres y de mi hermana y es al que votan la mayor parte de mis amigos…

A veces, acierto cuando rectifico. Ojalá esta vez sea así.

 

 

Las memorias de Siles acarician y arañan el corazón

Acabo de leer, casi de un tirón, un libro sencillo y espléndido, de esos que te hacen cosquillas, que te acarician y arañan el corazón.

La Puerta Purchena (1950), portada del libro de José Siles Artés.

La Puerta Purchena (1950), portada del libro de José Siles Artés.

Son las memorias de José Siles Artés desde 1939 a 1943 (“Desde el Malecón”) y de 1943 a 1950 (“Al pie de la Alcazaba”). Recomiendo su lectura especialmente a los amantes y/o sufridores de Almería.

Está escrito con cariño y mesura, sin resentimiento, con un lenguage limpio, nada barroco, casi cinematográfico. Y es tan tan local que ciertos pasajes adquieren un valor casi universal.

No se si mi reacción es exgeradamente favorable o sesgada porque Pepe Siles (a quien no conozco personalmente) retrata paisajes de mi infancia y adolescencia (en “La Rumina”, entre Garrucha y Mojácar). Quizás también porque, como emigrante almeriense, sus páginas me han provocado un ataque de nostalgia. El caso es que sus memorias han removido mis recuerdos y me han emocionado.  (¡Ay, Mojácar, quien te ha visto y quien te ve! )

Es un libro casi de autoayuda para que los almerienses de la postguerra podamos conocernos mejor (incluso perdonarnos) a nosotros mismos.

José Siles Artés

José Siles Artés

Y, gracias al Instituto de Estudios Almerienses (IEA) que lo ha editado, he podido localizar al autor para felicitarle y darle las gracias por los buenos ratos que he pasado leyendo su obra.

La verdad es que no solo me ha dado un ataque de nostalgia. También un ataque de admiración y sana envidia. En los últimos 50 años, llevo escritos y publicados miles de folios para la prensa, la radio y la televisión. Y, ahora, al año de jubilarme como periodista y profesor universitario, me doy cuenta de que apenas he publicado unos pocos folios que traten de mi propia vida o de las personas o paisajes que quiero. Solo obituarios en La Voz de Almería. Debe ser difícil mirarse a uno mismo desde fuera… Pues nuestro paisano Pepe Siles lo consigue y lo hace con la sencillez de un maestro que sabe lo que se trae entre manos.

Al contar su infancia, adolescencia y juventud en Garrucha y Almería, Siles nos está retratando a muchos almerienses de aquellos años. También los jóvenes de hoy (que no estuvieron allí) disfrutarán con la lectura de este libro. Aprenderán a comprender a sus abuelos y a saber de donde vienen.

Los años de la Guerra Civil y la postguerra fueron de penuria, de miseria y de hambre, pero también de solidaridad para sobrevivir en aquella sociedad putrefacta de la Dictadura y del nacionalcatolicismo. El 1 de abril de 1939 acabó la guerra. Pero no del todo. Ese día, empezó la Victoria. Al describir aquella vida de mierda, de injusticia y de ignorancia, Siles lo hace con los ojos de la infancia, de la pubertad, de la juventud que tiene un presente oscuro y un futuro brillante. Sobre el estiércol de la Dictadura, José Siles coloca gotas de rocío… Su libro tiene el valor de la ternura… y el perdón.

Gracias, paisano.Te debo una copa.

 

Reforma constitucional

por E. Vázquez

La Constitución de 1978 ha funcionado razonablemente bien, pero problemas, mayoritariamente, de tipo organizativo, hacen aconsejable reflexionar sobre la oportunidad de proceder a la reforma de algunos apartados del texto constitucional.

Objetivos centrales de una posible reforma constitucional deberían ser: la corrección de las desigualdades, hacer más eficaz y eficiente el funcionamiento de todas las Instituciones del Estado, perfeccionar su organización territorial.

Y es obvio: que la incorporación de España a la Unión Europea supuso la cesión de ciertas parcelas de soberanía a ésta, lo que generó la existencia de un nuevo nivel político-administrativo, esta realidad también debería verse reflejada en la Constitución.

Todo ello, sin ignorar, por supuesto, que una reforma constitucional no puede plantearse con ligereza o frivolidad; así como que exige un amplio acuerdo entre las fuerzas políticas, poco oportunismo y mucha lealtad.

Conviene recordar que elaborar la vigente Constitución no fue fácil ni sencillo; unos, en un ambiente con cierta sensación de provisionalidad, estaban en el poder, y otros acababan de salir de la cárcel, de la ilegalidad o de volver del exilio, pero todos, o casi todos, tenían el convencimiento de que había que llegar a acuerdos para construir un nuevo marco de convivencia.

Razones para promover hoy una reforma constitucional parece que hay algunas, condiciones da la impresión de que no muchas.

Quienes pueden promover la reforma y aprobar el texto que, en su caso, se ha de someter a la ratificación de la ciudadanía, son los responsables de trabajar bien y de crear la confianza necesaria para hacerla posible, si es que están convencidos de que es bueno y necesario para la Nación: para las ciudadanas y los ciudadanos.

La reforma de la Constitución se contempla en sus artículos 166, 167, 168 y 169.

El 168  establece un procedimiento especial, “agravado”, bastante más complejo, y previsto para la reforma total o para la que pudiera afectar al Título preliminar,  al Capítulo segundo, Sección primera del Título I y al Título II.

El procedimiento es: aprobación inicio reforma por 2/3 de ambas Cámaras, disolución Cortes Generales, elecciones generales, ratificación acuerdo de reforma por las nuevas Cámaras, éstas estudiaran el proyecto de reforma constitucional, que deberá ser aprobado por  2/3 de ambas Cámaras y ratificado en referéndum.

Considerar que mediante el procedimiento previsto en el artículo 167 se pueda modificar el Título X completo o, al menos, su artículo 168, con el objetivo de suprimir o hacer más sencillo el procedimiento “agravado”, no parece que sea una vía constitucionalmente clara,

Y supondría, en alguna forma, utilizar ese procedimiento de reforma, el del artículo 167, el “ordinario”, para conseguir un objetivo completamente distinto a aquél para el que fue concebido. No parece tampoco que esa alternativa fuera la voluntad de los constituyentes.

Sí bien, también es cierto que se podría haber incluido el Título X junto a las otras partes de la Constitución que figuran en su artículo 168, y que, para ser reformadas, deben seguir el procedimiento “agravado” que ese artículo dispone.

La reforma prevista en el artículo 167 es más sencilla: aprobación por 3/5 de ambas Cámaras, de no haber acuerdo, se intentará mediante una comisión paritaria de de las dos Cámaras, este acuerdo se someterá a votación del  Congreso y del Senado, se exigen también para su aprobación los 3/5 en las dos Cámaras.

De no aprobarse tampoco, podrá hacerlo el Congreso por 2/3, siempre que el Senado lo hubiera hecho por mayoría absoluta. Se someterá a referéndum para su ratificación cuando lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

Mediante el procedimiento contemplado en el artículo 167 se puede modificar la mayor parte de la Constitución, pero hay cambios que, al tratar de hacerlos, se terminan relacionando, de alguna forma, con la parte del texto constitucional que, para ser reformada,  exige seguir lo dispuesto en el artículo 168, consecuentemente ya hay que seguir necesariamente dicha vía.

Por ejemplo: transformar el Senado en una Cámara similar a los Consejos Federales de Alemania, cuyos miembros forman parte de los gobiernos de los  estados federados (las “CC.AA.”), siendo éstos los que los nombran y los cesan libremente, o de Austria, donde son nombrados por los parlamentos de los estados federados (las “CC.AA.”) después de cada elección “regional”; dichos Consejo Federales no se disuelven nunca.

Obviamente, no hay ni disolución de dichos Consejos Federales, ni convocatoria de elecciones a los mismos.

Esa reforma chocaría con lo previsto en el artículo 62.b C.E.): Corresponde al Rey: Convocar y disolver las Cortes Generales y convocar elecciones en los términos previstos en la Constitución. Disolver las Cortes Generales implica disolver el Senado; éste, una vez hecha una reforma semejante a los modelos de Alemania o de Austria, ya no se podría disolver.

A la hora de proponer una reforma de la Constitución es necesario tener objetivos concretos e ideas claras sobre qué se quiere hacer, la más mínima reforma tiene transcendencia, y exige recorrer un camino no siempre fácil.

¿Quiere esto decir que hay que renunciar a andar ese camino? No, pero sí que hay que ser muy escrupulosos en valorar sus dificultades y los esfuerzos que exige, así como en tener evidencias concluyentes de que las ciudadanas españolas y los  ciudadanos españoles quieren andarlo.

 La generosidad y la lealtad de los promotores, y entre los promotores, de la reforma constitucional deberían enormes. Reformar la Constitución para mejorarla, motivando a las ciudadanas y ciudadanos a sentirse más identificados con ella, también es defenderla.

E. Vázquez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Menú “lost in translation”

Traductor=traidor. El Menú del día se convirtió al inglés en “Menú robado”, la sopa de ave, en “sopa de pájaro”, el flan casero de huevo, en casero (householder) de huevo cubierto de caramelo.

Documento gráfico. Menú del día = Menú robado

Documento gráfico. Menú del día = Steal menú. Retraducido como “Menú robado”

La tarta de San Marcos se convirtió en “Tart saint frames” o sea, “Puta santos marcos”. Jamón asado con guarnición en “Ham roasted with garrison”, o sea, “jamón asado con acuartelamiento”·. Y así con todo…

Nos pasó ayer, camino de Almería, en el restaurante La Pausa (Km. 75. A-3). Su menú bilingüe de 10,95 euros resultó incomprensible para los de habla inglesa. Le dimos el primer premio de menú perdido en la traducción. El traductor, ni corto ni perezoso, recurrió seguramente a Google para traducir su menú. Sin hacer doble chequeo ni siquiera dudarlo por un momento lo plastificó.

Me temo que estamos rodeados por una generación que se cree que todo lo que sale en Internet es infalible o que va a misa (o sea: “goes to mass” que retraduciendo siginifica “va a la masa”). El menú me recordó a un libro de modismos españoles ya clásico “From the lost to the river” (De perdidos al río). Y me recordó también un fallo garrafal que tuve hace años, cuando vivía en Nueva York,  con la traducción automática al inglés de mi curriculum vitae.

Me eché a temblar en la primera línea. Decía así:

“Curriculum vitae of Jose Antonio Martinez to be acostumed to”

Mi segundo apellido (Soler) fue traducido como el verbo soler y así me convertí en “Jose Antonio Martínez estar acostumbrado a”

Nuestro amigo y colega Ed Owen nos ha superado con un menú inglés hallado en Benidorm:

“Pinchos Morunos”= “Barbecued Moorish Pricks” O sea: “Pollas (o gilipollas) morunas a la barbacoa”

“Rape en salsa verde”=”Rape with greeen sauce”. O sea: “Violación en salsa verde”.

Insuperable.

No tengo documento gráfico a mano pero recomiendo la lectura atenta de un menú inglés en la Isleta del Moro (Parque Natural Cabo de Gata, Almería) que no tiene desperdicio.

En todo caso, la comida de ayer era buenísima y barata. Claro que, por si acaso, la pedimos en español…

 

Vidas precarias

Por E. Vázquez

Si analizamos el significado de precario, vemos que se consideran precarias aquellas situaciones que se caracterizan por su escasa seguridad, su poca estabilidad, una duración indeterminada o la carencia de recursos económicos suficientes.

A la vista de ello, la primera consecuencia, que debemos extraer, es que la vida es un precario, pues su duración es indeterminada, nadie sabe los años que va a vivir.

Si esa idea la recordáramos todos días, seguramente el mundo sería diferente, pues tendemos a vivir como si no fuésemos a morir nunca.

Es cierto que quizás, si nos guiáramos constantemente por nuestra precariedad, no habría avances, ni desarrollo, ni progreso, pero también parece razonable pensar que, olvidarlo y tratar de ignorarlo, puede fomentar, entre otras cosas, los egoísmos, las ambiciones y la insolidaridad.

Lo preocupante no es que vivir sea una situación de precario, eso forma parte de la naturaleza de la propia vida; los seres vivos nacemos con fecha de caducidad, pero sin que la podamos conocer.

Lo preocupante sí que es el que da la sensación de que, cuando parecía que se estaba construyendo un sistema social que goza de cierta estabilidad, éste da síntomas de estar desmoronándose.  Y esto sin ignorar que ese modelo de sociedad sólo llegaba, de momento, a determinadas zonas de la Tierra, e incluso con grandes “calvas” en dichas zonas.

Tener estabilidad en el empleo empieza a ser un privilegio; comienza a convertirse en norma: trabajar a temporadas, percibir en ocasiones alguna prestación social, no cobrar nada y volver a empezar.

Hay millones de viviendas cerradas, algunas posiblemente debieran demolerse, pero también mucha gente que no puede acceder a tener una casa, pues les es imposible comprarla, ya que no  tienen dinero, y tampoco condiciones para que les den un crédito.

Cada día se cuestiona más la existencia de una sanidad gratuita y universal, se invocan de forma sistemática las dificultades de su financiación. Se presuponía que era un derecho consolidado, sin embargo hoy resulta difícil no plantearse ciertas dudas.

Las pensiones y las prestaciones por desempleo o carencia de recursos están en el punto de mira de todos; recurrentemente, sin descanso alguno, se publican estudios sobre la inviabilidad de los sistemas de pensiones.

La educación, la atención a los mayores, la protección a las familias y a la natalidad, todo está puesto en cuestión, todo se considera insostenible, y hasta pueda ser cierto, pero nunca termina de explicarse de forma clara y concluyente las razones profundas que generan esa situación.

La deuda pública, el déficit, la deuda de empresas y familias, la prima de riesgo, la inestabilidad de los Mercados, los movimientos de la Bolsa, los tipos de interés, la inflación o la deflación; todos los indicadores se valoran transmitiendo siempre un mensaje de inestabilidad, de inseguridad y de precariedad.

Cuando se reflexiona sobre estos temas, se siente cierto vértigo, da la sensación de que se camina  hacia un modelo de sociedad en el que nuestras “vidas precarias”, por imperativo de la naturaleza, pasarán por este mundo, viviendo, cada día de estancia en él, en una permanente precariedad.

 Resulta pintoresco que gentes, con retribuciones muy altas, fondos de pensiones excelentes, que ni estuvieron ni estarán en las colas del paro, clientes de los mejores hoteles,  medios de transporte y lugares de vacaciones, suelan ser las que, sistemáticamente, expliquen la necesidad de reducir salarios, pensiones, prestaciones y ayudas de todo tipo.

Mientras tanto, las desigualdades aumentan; igual resulta que es cierto que sea necesario reestructurar todo, pero parece lógico pensar que debiera afectar a todos, y en mayor medida a los que más tienen y de mejor posición gozan. No se trata de defender un igualitarismo radical, sólo de ser radical en la lucha contra la desigualdad.

E. Vázquez

 

Personas y perros

Por E. Vázquez

He leído en un periódico de Madrid que un ciudadano, que paseaba solo por un camino de una localidad próxima a la capital de España, ha sido atacado en la tarde del lunes, 17 de noviembre, por tres perros de los considerados potencialmente peligrosos.

 Como consecuencia de dicha agresión ha debido ser internado, en estado grave, en un hospital de dicha ciudad.

La noticia no debe sorprendernos, pues en las calles, en los parques, en los portales y en los ascensores de los edificios te encuentras con perros sueltos, bastantes veces de los catalogados como potencialmente peligrosos, sin cadena y, en su caso, sin bozal.

 Esto es bastante habitual, da la impresión que cada vez  más habitual, pues no resulta difícil poderlo ver en cualquier localidad. Su habitualidad es tanta que parece que pronto se terminará considerando como algo normal, pero no lo es, es que ni siquiera es una situación que esté de acuerdo con la legislación vigente.

Pero es que, además, no parece lógico obligar a gente, a la que no le gustan los perros, a tener que convivir con ellos: soportando sus ruidos, sus ladridos, sus excrementos, posibles enfermedades, así como su agresividad, normalmente cuando se trata de perros grandes o potencialmente peligrosos.                                       

Obviamente, cuando, ignorándose tranquilamente la legalidad, cada vez son más habituales situaciones de ese tipo: perros  sueltos en cualquier sitio, sin que, al parecer, se adopten muchas medidas para impedirlo, tienen que ocurrir hechos lamentables, como el ocurrido en Madrid.

Y más lamentable todavía es que no se trata de un incidente aislado, creo que es conocido las muchas veces que han ocurrido hechos similares, a veces con fatales consecuencias.

La presencia de perros, especialmente de los considerados potencialmente peligrosos, entrando en contacto con personas que transitan por espacios públicos, sin que los propietarios de dichos perros los lleven conforme a lo dispuesto por la normativa legal, es un ataque a la libertad, la seguridad y la tranquilidad de la gente, al menos de bastante gente.

 Desde el máximo respeto para quienes tienen perros, creo que también cabe pedirlo para quienes no los tienen, pues hay  gente a la que no le gustan los perros, le molestan o los temen; y, desde luego, parece que siempre se debiera cumplir la legislación vigente.

Y si ésta no fuese la adecuada para regular esas situaciones, habría que promulgar la oportuna para poderlo hacer.

El que haya una regulación adecuada, y se exija su cumplimiento, es tan correcto como la penalización  del maltrato animal o el reconocer los servicios que en muchas ocasiones prestan los perros.

Creo recordar haber leído, la pasada primavera, que en la provincia de Almería había registrados 138.161 perros, de ellos 4221 de los considerados potencialmente peligrosos.

Existen normas sobre la tenencia de perros, bastante detallista en lo referente con los denominados como “potencialmente peligrosos”. ¿Se respetan? ¿Se hacen cumplir?

En resumen, no se trata de que se prohíba tener perros sino de que la legislación se cumpla. 

E. Vázquez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El enchufismo

Por E. Vázquez
La recomendación, el nepotismo y el enchufismo pueden parecer lo mismo, pero no lo son; sí que son tres malas prácticas, cuyo único objetivo verdadero es generar desigualdad.
Debe ser un compromiso de toda la Sociedad, de todos sin excepción, combatir el enchufismo, el nepotismo y la recomendación; no se debe confundir nunca la recomendación con las referencias.
¿Y qué es el enchufismo? Pues se considera enchufismo a la adjudicación de cargos o empleos, concesión de ventajas y favores por razones de influencia o amistad; por ejemplo: asignar un puesto de trabajo atendiendo a una recomendación.
Cuando se juzga el enchufismo, hay que diferenciar entre el que se pudiera dar en el Sector Público (nepotismo) y en el Sector Privado. Y en éste, la relación que pueda existir entre la propiedad de la Organización en cuestión y los implicados en el posible enchufe.
No cabe ignorar que, contratar a quien parezca oportuno, se considera inherente al derecho de propiedad. También se entiende que toda Empresa tratará de incorporar a la gente más capaz y más preparada, pero eso no deja de ser, a veces, un supuesto.
No parece que el derecho de propiedad deba contemplarse como ilimitado; pero el análisis del enchufismo en el Sector Privado sí exige no ignorar: que los propietarios de una Empresa gozan de amplísimas facultades a la hora de contratar a su personal.
Hay Empresas privadas que son concesionarias de Servicios Públicos, esto da lugar a que todos o muchos de sus trabajadores indirectamente trabajen para Entidades Públicas, lo que, en alguna forma, da un cierto matiz diferenciador a esas Organizaciones.
De una manera un tanto simple, considerando la forma en que está constituida la propiedad de la Entidad en cuestión, cabría señalar:
1.- Cuando el propietario es único, éste contratará, normalmente, a quien le parezca oportuno, no tendrá más normas o limitaciones que las que él mismo se imponga.
2.- ¿Qué puede ocurrir cuando la Empresa tiene varios propietarios? Parece lógico pensar que las facultades de la propiedad se ejerzan, en alguna forma, condicionadas por la participación que cada socio tiene en ella; esto, necesariamente, obligará a que los propietarios marquen unos ciertos criterios (un protocolo de actuación) sobre la forma de seleccionar a su personal.
Esos criterios determinarán el camino a seguir a la hora de contratar a sus empleados.
3.- Aún más complejo es el caso de las Organizaciones con “muchísimos propietarios”. En éstas, generalmente, el capital está distribuido en acciones, cotizan en los Mercados de Valores, casi a diario se producen cambios en la propiedad, son gestionadas por Ejecutivos, y éstos, a veces, tienen una mínima participación en la propiedad o ninguna.
El enchufar a parientes o amigos en estas Entidades, posiblemente, pudiera considerarse como un mal uso de las facultades, que les han sido otorgadas a sus Administradores y Directivos.
El nepotismo resulta condenable porque responsables de Administraciones Públicas, que no son propietarios de ellas, enchufen a sus amigos o parientes.
¿Por qué habría de considerarse correcto que los responsables de una Entidad, de la que no son propietarios, puedan enchufar en ella a sus amigos o parientes?
No parece desacertado que, como representación de la “propiedad” de la Entidad, sea la Junta General de Accionistas o el órgano equivalente, según la naturaleza jurídica de la Organización en cuestión, quien determine los criterios sobre la selección del personal de la misma.
A la vista de lo expuesto, no debiera resultar complicado comprender porque muchas Entidades Privadas, a semejanza de lo que se hace en el Sector Público, fijan unos criterios de actuación para la selección de su personal.
Conscientes de los intereses en juego, podría pensarse en la conveniencia de dictar algún tipo de legislación “específica” en esta materia; no resulta sencillo tomar una posición concluyente sobre su oportunidad, pues no parece fácil de explicar, quizás resultara aún menos fácil de aplicar y tal vez tampoco se entendiera bien.
Pero no por ello cabe descartar definitivamente esa opción. Dado que ya se ha visto como se ha legislado, sobre determinado tipo de Sociedades, en asuntos que en otro tiempo parecía imposible.
Sin pretender poner en cuestión la libertad de cada Entidad para fijar los criterios de selección de su personal, sí podría ser oportuno, y hasta conveniente, aplicar una especie de “Código de Buenas Prácticas” sobre esta materia, a él se podrían adherir las Organizaciones voluntariamente; sería, desde luego, una manifestación de transparencia.
La libertad del Sector Privado para seleccionar a su personal no debe llevar a la idea de que es un ámbito donde no hay norma alguna; es sabido que hay disposiciones legales sobre relaciones laborales, sindicales, fiscales, salud laboral etc.
El propio interés de las Organizaciones, y de sus Gestores, obliga a que sea un objetivo básico y necesario: el que las cosas funcionen bien, el tratar de ser eficaces y eficientes.
Ese objetivo les llevará a tratar de seleccionar a su personal valorando aspectos como: preparación, competencia, capacidad, conocimiento de idiomas, disponibilidad, actitud y experiencia, cuando sea procedente.
Hay, sin duda, bastantes Organizaciones que buscan la transparencia y la excelencia, tal vez la mayoría; esto les obliga a establecer serios compromisos sobre la forma de hacer la selección de su personal.
Lo manifestado en los párrafos anteriores es cierto, pero la existencia de enchufismo también. La pretensión debe ser que no haya enchufismo, el gran objetivo que todo el mundo pueda tener un empleo.
Para los que lo buscan, y no tienen forma de encontrarlo, hay algunas prestaciones económicas. Pero sin tratar de descalificar lo en estos momentos vigente, habría que ir a un nuevo modelo, producto de una profunda reorganización de las actuales políticas de protección a los desempleados y personas sin ningún tipo de ingresos, quizás a una “renta básica”.
Es intolerable e inadmisible cualquier discriminación. Pero no es posible ignorar el peso social de usos, tradiciones y costumbres; lo que no quiere decir que haya que darles por buenos.
Es oportuno reconocer lo mucho, y para bien, que bastantes cosas han cambiado, pero también hay que ser conscientes de que estos cambios no han tenido la suficiente profundidad; de ahí que sea necesario desterrar, para siempre, malas prácticas, como las descritas, ya que eso también forma parte del inaplazable e irrenunciable proceso de modernización.
E. Vázquez

El nepotismo

Por E. Vázquez

 El nepotismo es una mala práctica, igual que lo es la recomendación, por lo que se debería tratar de hacerlo desaparecer de nuestras relaciones sociales. Son éticamente reprobables y posiblemente, en ocasiones, ilegales.

 Son prácticas injustas, nocivas y generadoras de desigualdad, pero cabe dudar de que se luche, con la energía necesaria, contra ellas.

Están muy mal consideradas en todo tipo de tertulias, en entornos más privados no parece que generen tanto rechazo; a veces hasta da la impresión de que gozan de muy buena salud.

¿Qué es el nepotismo? Pues se conoce como nepotismo a la adjudicación de cargos, empleos o premios, por parte de autoridades o cargos públicos, a personas vinculadas a los mismos por razones de parentesco o amistad; por ejemplo: asignar un puesto de trabajo en un Organismo Público.

En los casos de nepotismo debe haber parentesco o amistad, pero también un desprecio manifiesto por el procedimiento establecido para la cobertura del  puesto de trabajo en cuestión.

 Todos los ciudadanos que trabajan en una Entidad Pública forman parte de ella. Desde los Altos Directivos de la misma, normalmente “políticos” o funcionarios de los niveles superiores, hasta el empleado público de la mínima categoría. Todos son servidores públicos, cosa distinta, sin duda, es la responsabilidad que cada uno pueda tener.

En el Sector Público, tratando de superar “viejas tradiciones”, pero no por viejas, olvidadas, se optó por constitucionalizar los requisitos para acceder al empleo público.

Las plazas se ofertarán mediante convocatorias “públicas”; todos los candidatos deberán ser tratados “igual”; el “mérito” y la “capacidad” se valorarán por comisiones/tribunales imparciales.  

Las decisiones de los “tribunales/comisiones de selección” quedan bajo el control de los Órganos  Judiciales.

A la vista de la legalidad vigente “cabe” entender que todos los empleados públicos son seleccionados así.

En las Administraciones hay determinados  puestos clasificados como de “confianza”, y también los hay de “libre designación” entre funcionarios. Estas situaciones son legales y normales; se dan, en mayor o menor medida, en las Administraciones de todos los países.

La catalogación de cada puesto, y los requisitos para desempeñarlo, es algo que debería quedar siempre perfectamente definido.

La tendencia a designar a amigos o compañeros políticos (en ocasiones, con retribuciones no despreciables y, a veces, con  dudas sobre la cualificación para desarrollar las funciones que se presupone que van a ejercer) es la que ha dado lugar a que se pueda presuponer  “nepotismo” en nombramientos que, en principio, serían legales y hasta lógicos.

La forma en la que se han utilizado “determinados puestos de confianza”, parece que  ha sido el detonante para la puesta en cuestión, y consiguiente crítica, a la existencia de dichos empleos. Que tienen justificada su existencia, pero no su proliferación.

Eso ha dado lugar a que los ciudadanos tengan la percepción de que son algo negativo. Una bolsa de puestos de trabajo a utilizar libremente por los “aparatos” de los partidos, que adjudicarían dichos empleos entre quienes ellos considerasen oportuno.

En verdad, los “Responsables Políticos” de las Administraciones son unos  empleados de los ciudadanos. Ejerzan la función que ejerzan, deberían tener claro que los dueños de la empresa (el Estado) son los ciudadanos; y que ellos sólo tienen un contrato temporal.

 Como tales empleados que son, no hay que esperar de ellos  milagros o bondades; hay que exigirles: dedicación, honradez, trabajo, eficacia, preparación, disposición para servir, buena gestión del dinero de los impuestos y que tengan muy claro que son, simplemente, servidores públicos.

También les es exigible, por supuesto, que no practiquen el nepotismo y que no atiendan las recomendaciones.

Las Administraciones Públicas deberían estar profesionalizadas al máximo, y por tanto mínimamente sometidas a grandes cambios cuando se produce la alternancia en los correspondientes Ejecutivos.

Debería existir una clara distinción entre los puesto “políticos” (por ejemplo: Ministros, Secretarios de Estado, Consejeros y Viceconsejeros de los Gobiernos de las CC.AA, Cargos electos de las Corporaciones Locales, Asesores, Gabinetes, Secretarías, así como aquellos otros que como tales se calificasen) y los “técnicos”.

No estaría mal, creo, que los titulares de los puestos de trabajo de la Alta Dirección (muchísimos de ellos de naturaleza eminentemente técnica) de dichos Ejecutivos se nombraran de acuerdo con una serie de requisitos y condiciones.

 Algunas podrían ser: que su mandato tuviera un plazo determinado, cinco o seis años; que solo pudieran ser destituidos por causas justificadas, y legalmente previstas; que salvo excepciones, motivadas y justificadas, siempre fuesen funcionarios, lógicamente, designados en consideración a sus méritos y a su experiencia profesional.

Se trataría de perfeccionar el actual marco legal, reduciendo el margen de discrecionalidad.

Sin entrar en contradicción con lo anteriormente expuesto, al menos sin pretenderlo, sí parece razonable que, respetando por supuesto los criterios constitucionales, cabría ir pensando en reformar los procesos de selección del personal de las Administraciones Públicas.

¿Hay necesariamente qué continuar con el actual sistema de oposiciones y sus “250/300” temas? ¿Va por ahí el mundo hoy? ¿Es posible, con ese sistema, incorporar al Servicio Público a gentes que han demostrado su valía en el Sector Privado o en otros países?

No, no y no.

De ahí que no sólo haya que tratar de abandonar para siempre las malas prácticas, sino que también hay que proponerse modernizar las Instituciones, así como los sistemas y procedimientos con que se gestionan.

E. Vázquez

 

 

Un autobús mu flamenco en Los Almendros

Un viaje en autobús desde un barrio de Almería que no tiene desperdicio. No te lo pierdas.

Me lo envía Antonio Cantón.

Orgulloso del Niño Josele, del director y de todo el equipo que han hecho posible estos cortos.

De Los Almendros a Plaza Nueva

Parte 1

http://youtu.be/EQaZW8H_u_Y

Parte 2

http://youtu.be/FwHcgdSyKbY

Parte 3

http://youtu.be/FwHcgdSyKbY

 

La recomendación

 Por E. Vázquez

Tras los cristales de la ventana, mientras recordaba los sueños contados por Antonio en el Paseo Marítimo de Almería, veía: circular  los coches, a la gente entrando y saliendo de comercios y oficinas, a los que esperaban el cambio de color del semáforo y a los que pedían limosna en las puertas de comercios y cafeterías.

Fijaba la mirada en la cola de mujeres y hombres, jóvenes y mayores, formada ante la Oficina de los Servicios Públicos de Empleo. Y reflexionaba sobre la difícil situación que, seguramente, estarían viviendo  muchas de esas personas.

Se criticaba a sí mismo, su reflexión podía ser algo exagerada, pero es que tenía grabada en el cerebro una información: la que hacía referencia a las muchas familias que, al parecer, tenían a todos sus miembros desempleados, y no percibían ningún tipo de ingresos.

¿Se puede sobrevivir así?: No.

 Se preguntaba: ¿Estarían ahí si tuvieran una recomendación?

¿Y qué es una recomendación? Pues todo trato de favor, influencia o ventaja para conseguir algo; por ejemplo: un puesto de trabajo.

            El también se respondía: No, no estarían. Y esto no nos debe llevar a pensar que es  un recomendado todo el que no ha ido a la cola del paro. Mucha gente no necesita ninguna recomendación para encontrar un empleo.

No debe confundirse nunca recomendación con referencias, se decía.

No podía dejar de pensar en lo necesario e importante que es tener un trabajo, en las dificultades para encontrarlo y en que algunas personas, tal vez muchas, de las que están en esa cola nunca ya lo encontrarían.

 Hay gente que encuentra trabajo con facilidad por tener una recomendación, pero no ignora que otra gente lo encuentra, sin ningún problema, por su valía, preparación e inteligencia.

En el mismo tren que la recomendación, con ella, viajan el enchufismo y el nepotismo, se dice.

En una sociedad, que “coloca” a millones de personas en el desempleo, es donde la recomendación adquiere su cara más rechazable. No se debe tratar de ignorar el drama  que es el desempleo y la frustración que genera.

Una sociedad donde millones de personas no tienen un horizonte, un futuro, es una sociedad enferma, injusta e insolidaria. En ese entorno la recomendación resulta todavía más intolerable.

El trabajo da independencia económica, dignidad, seguridad y libertad. Trabajar es un derecho, un deber y una necesidad. Esto le hace interrogarse sobre:

 ¿Cuántas decisiones sobre selección de personal habrán sido condicionadas por aparecer, en el “momento adecuado”, la oportuna recomendación?

¿Cuántos puestos de trabajo nunca habrán salido a una oferta pública por tener que atenderse la “ineludible” recomendación?

¿Habrá sido muchas veces una recomendación el “mérito” que decidió la adjudicación de un puesto de trabajo?

Obviamente, no podía tener respuestas concretas a esas preguntas, pero sí que estaba convencido de que la recomendación no era algo imaginario; es una realidad y una mala práctica, generadora de  una  desigualdad inadmisible.

La recomendación junto a sus compañeros de viaje, el enchufismo y el nepotismo, también puede contribuir: al mal funcionamiento de las organizaciones, a la ineficacia y a la ineficiencia; cuando en una selección de personal se valora más la recomendación que la preparación y la capacidad.

La duda, sobre si gozaron de ventajas al conseguir un `puesto de trabajo, también puede perjudicar a los presuntos “recomendados” preparados y competentes pues, casi con toda seguridad, hubiesen accedido a dichos empleos sin necesidad de ningún favoritismo.

¿Tiene la recomendación raíces profundas  en nuestra sociedad?

Tiene la impresión de que bastantes. Ciertamente, la recomendación existe; sin duda más de lo que debiera; si bien también es cierto que no siempre que hay una recomendación, ésta produce el efecto deseado.

Sabe que, en mayor o menor medida, la recomendación aparece en todas las sociedades. La diferencia suele radicar: en la forma en que se combate y en el grado de aceptación social que tiene.

Opina que en la recomendación participa: quien hace el favor, quien lo pide, quien interviene, quien pone en contacto, quien recomienda, quien ejerce influencia sobre otro para conseguir el objetivo propuesto etc.

Ante esto no vale ponerse de estupendos, de puros o de justicieros,  diciendo eso no va conmigo; las costumbres y las tradiciones propias del país, y no sólo de éste, forman parte de la vida diaria.

Cree que  nuestro país, nuestra sociedad, no está para aventuras, pero sí que tiene el convencimiento de que necesita profundas transformaciones. Hay necesidad de cambiar muchas cosas, y no son sólo normas legales.

No duda de que es necesario, y posible, desterrar esa mala práctica: la recomendación; por profundamente injusta e impropia de una sociedad moderna, y que se pretende avanzada. El camino no será corto ni, seguramente, fácil, pero merece la pena andarlo.

(E. Vázquez)