Todo ha cambiado

Por Enrique Vázquez Moreno

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Esta mañana, como tantas veces, he pasado por la Plaza Circular, por la puerta de la bonita casa, rodeada de un frondoso jardín que hay allí.
Unos le llaman Casa Vasca otros Casa de Doña Paquita y he observado ciertos movimientos que me han dado la impresión de que la casa se estaba preparando para su entrega al Ayuntamiento de Almería, al pueblo de Almería. Para así dar cumplimiento a la voluntad de su difunta propietaria de que allí se instale un museo.
Esa casa siempre ha tenido un atractivo especial, es como un símbolo por su originalidad y por su belleza. Y en el futuro lo será, espero porque, cumpliendo lo dispuesto en su testamento por su dueña, se cree dicho museo.
Nadie que viniera a Almería, y pasara por delante, dejaba de reparar en ella y de sentir curiosidad sobre qué significaba allí, en la Plaza Circular, esa original y bella casa. Una casa muy distinta a todas las de su entorno pero que le daba a la zona un atractivo especial.

La Casa de doña Paquita o Casa Vasca de la Plaza Circular de Almería.

La Casa de doña Paquita o Casa Vasca de la Plaza Circular de Almería

La Casa tiene como edificios vecinos, formando casi un rectángulo, a la Subdelegación del Gobierno de España (antes sede Gobierno Civil) y a unas Dependencias de Hacienda, Economía y Administraciones Públicas (antes sede del Banco de España en Almería). Como se puede entender sus colindantes también tuvieron y tienen, aunque bastante menos, su interés.
Se comentaba, como entonces se comentaban esas cosas, que en la “Casa” se había alojado el General Franco, anterior Jefe del Estado, así como que por allí habían pasado o, en algunos casos, también se habían alojado el Rey, entonces Príncipe, Ministros, Altos Cargos del Estado, personalidades de diferentes y variados ámbitos, españoles o extranjeros.
Este paso de gente famosa e importante, la propia vivienda, la personalidad de sus propietarios, su entorno, sus relaciones, su cultura, su mundo etc. daban a la “Casa” ese misterio, ese atractivo y ese simbolismo que para muchos tuvo, tal vez habría que decir que para todos pues esa casa no dejaba a nadie indiferente.
Ya casi nada es como había sido, casi todo y casi todos hemos cambiado.
La Subdelegación del Gobierno es la representación en la Provincia del Gobierno Constitucional de la Nación, ya no hay Gobiernos Civiles, a éstos unos no los habrán conocido, otros los habrán olvidado y algunos, igual, no quieren recordarlos.
El Banco de España ya no está, se marchó a Europa como dijo alguno. En su inmueble funcionan oficinas administrativas.
Doña Paquita gozaba del merecido prestigio, respeto y consideración. Ha muerto entre el general reconocimiento, lo ha recibido de la Junta de Andalucía, del Ayuntamiento de Almería, de otras Administraciones y de otras muchas Instituciones.
Su legado al pueblo de Almería ha sido la que durante tantos años fue su vivienda, su casa, su bonita casa de la Plaza Circular.
Muchísimos almerienses no hemos conocido ni a la propietaria ni a la casa por dentro, de ésta sólo lo que se puede ver desde fuera pero, sin embargo, la casa aparece en nuestras vidas ¡hemos pasado tantas veces por delante de ella¡ ¡hemos admirado tanto su originalidad¡
Yo, en concreto, la percibía como un sitio donde siempre había actividad, una actividad suave quizás dulce pero actividad. Nunca tuve la impresión de que en algún momento la Casa estuviese cerrada o de que no hubiese nadie en ella. Igual fue así en alguna ocasión pero yo, desde luego, nunca tuve esa sensación.
Siempre tuve la sensación de que había luz, había gente y había vida. Sólo hoy me ha parecido verla distinta pero es que todo es diferente, ya no hay Banco de España, ya no hay Gobierno Civil, ya no hay Vivienda de Doña Paquita.
Ahora la Casa pasa a ser patrimonio de la ciudad. Entrará a formar parte de la historia y la leyenda locales. Se hablará y se escribirá sobre ella, se le verá como símbolo de una época y de un mundo muy distinto, esperemos que las próximas generaciones no tengan que hacerlo como hoy lo hacemos del Hospital Provincial, la Estación de Ferrocarril, el Cable Inglés etc. etc.

(Enrique Vázquez Moreno)

 

Contra nostalgia, caldo pimentón

Por José A. Martínez Soler

Por la mañana he visto la procesión de las palmas en la tele. Hoy es domingo de Ramos, hay luna llena, visible desde antes del atardecer, y es víspera del 14 de abril.

El campo está llenos de lindos colores: amarillos y morados sobre todo. Algo me falta. Aún no han abierto las amapolas. Ramón Gómez de la Serna, el compañero de nuestra ilustre paisana Carmen de Burgos, decía que las amapolas eran “la sangre de los trigales”. Quizás mañana pueda distinguir alguna para completar mi bandera favorita: amapola, margarita y romero. ¡Qué ramillete! Mi padre (en voz baja, claro) me la cantaba así:

“Banderita tu eres roja,/bandera republicana/ llevas sangre, llevas oro,/ y por tus penas morada”.

Lindos colores 14 de abril

Lindos colores 14 de abril

El caso es que, tan cerca del 14 de abril y tan lejos de Almería, me ha dado un ataque de nostalgia. Mi madre solía decir: Si no quieres arroz, toma tres tazas”. Dicho y hecho. Para vecer la nostalgia, Caldo Pimentón, el plato de mi tierra por excelencia. La nostalgia se cura con un atracón de nostalgia.

Los colores, los olores y los sabores, lo último que se pierde. Mi comadre me refrescó la receta de mi infancia y juventud almerienses:

Se cuecen las patatas y se apartan. Un hervor al tomate para quitarle fácilmente la piel. Se asan los pimientos en el horno. Me acuso de haber recurrido hoy a los de bote. (Perdona, comadre). Preparo el almirez. Machaco ajos, cominos, sal y una cucharada sopera de pimenton dulce. Luego, dos cucharadas generosas de aceite. (Hoy le puse Oro de Níjar) Cuezo el pescado disponible: rape, calamar y chirlas. Y añado las patatas cocidas, los tomates pelados, los pimiemtos asados y todo lo que hay machacado en el almirez. Que hierva 3 minutos y listo para comer.

Caldo pimentón, según receta de mi comadre.

Caldo pimentón, según receta de mi comadre.

Exquisitos sabores de infancia. Me comí dos platos y medio de recuerdos. Y me regodeé, sin pudor, en aquellos años de pantalón corto y de rodillas tan llenas de pupas que solo una madre podía querer.

Pues sí. Antes de que la razón venciera a la fe, yo también paseé palmas y ramas de olivo por las calles de Almería en el domingo de Ramos. Luego, paseo arriba, paseo abajo para mirar de reojo a las chicas de las jesuitinas (las más pijas) o de la Compañía. Podíamos llegar hasta el Morro, y fumar, a escondidas, en los Cuescos. O sentarnos libremente en las “escalinatas reales” del Puerto. Dicen que allí desembarcó Isabel II. (Ella fue quien puso un impuesto al mineral de Almería para construir el Teatro Real, que, por tanto, es algo nuestro). También allí tiraron al agua la campana del patio de La Salle para hacer rabiar al hermano Prefecto. Al tañer aquella campaña, formábamos militarmente, a toda prisa, y cantábamos el Cara al Sol. Aún no han encontrado al autor de aquella broma.

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Vale por hoy. Este blog (de tres almerienses transterrados: Antonio Cantón, Enrique Vázquez y un servidor) está en proceso de construcción y este comentario es una prueba para ver si funciona. Termino con otra “greguería” del chico de nuestra Colombine: “La nostalgia es la sonrisa al trasluz”.   O sea, con una sonrisa.

(José A. Martínez Soler)