El Hospital está viejo y enfermo

Por E. Vázquez

Mientras unos y otros discuten su futuro, el Hospital Provincial de Almería, su viejo edificio, día a día se deteriora.

Si él tuviera la facultad de pensar, desearía no morir durante la espera, los que sí tenemos esa facultad deberíamos tratar de evitarlo.

Cuando era niño: recuerdo oír mucho la palabra reposo, eso del reposo era  algo como muy normal. Al parecer, bueno y necesario para todo; hacer deporte no era algo muy generalizado.

Yo siempre relacionaba reposo con hospital.

He pasado una parte importante de mi vida cerca del Hospital; es mi barrio, mi casa.

Muy pronto, pasando por la calle del Hospital, supe lo que era el dolor, la enfermedad y la muerte; también que allí curaban y salvaban la vida a mucha gente.

En sus alrededores había entonces mucha actividad. En las noches de verano, recuerdo ver siempre gente en su puerta.

Tengo la impresión de que las cosas ahora son distintas: se recomienda hacer ejercicio y andar. Hacer ejercicio es lo que se considera bueno y necesario.

Ahora vemos a gente joven, y menos joven, corriendo por calles, parques y paseos. Calientan el asfalto.

Si se tienen años y mala salud, caminar será una actividad diaria y obligatoria.

No se considera recomendable caminar de cualquier forma, se aconseja utilizar ropa y calzado adecuado. Yo considero también conveniente: hacerlo en solitario, observar  el entorno y reflexionar.

Siempre me gustó andar; ahora, por obligación, dedico una parte de mi tiempo a pasear, y lo hago solo, salvo en alguna ocasión; observar y reflexionar sí que no dejo de hacerlo nunca.

En esos paseos compruebo como la vida va cambiando y como el mundo de mis primeros años, prácticamente, ha desaparecido.

Se tenía una relación más intensa con parientes, compañeros  y vecinos; la vida era menos solitaria, más de barrio.

Difícilmente, entonces podría haber ocurrido: que alguien falleciera en la vivienda de enfrente y sus vecinos tardarán un año en darse cuenta.

Ahora un viejo edificio puede morir e igual no nos enteramos.

En las ciudades, durante las noches de verano, ya no es  habitual ver grupos de vecinos, sentados en las puertas de sus casas, tomando el “fresquito” hasta la media noche.

En aquella época sí; calles y plazas (muchas sin asfaltar) se convertían en lugares de reunión nocturna. Todos éramos más pobres y casi no había: segundas residencias, veraneos o viajes; también la libertad era escasa.

Todo, casi todo, ha cambiado. El viejo HOSPITAL PROVINCIAL de Almería sí sigue donde siempre, pero ya no es un hospital, ahora es solo un edificio cerrado, sin uso y no muy bien conservado.

Desde el asfalto de las calles, que rodean el Hospital, se puede contemplar como un edificio de siglos exhibe su mala salud. El Hospital está viejo y enfermo.

Parece haber una posición, bastante favorable y muy generalizada, a favor de la conservación y rehabilitación del CASCO HISTORICO; eso me hace: confiar en que se encontrará una solución para ese edificio.

Son conocidas las dificultades económicas, pero eso no debe ser obstáculo para que se promuevan actuaciones que fomenten la actividad económica en esa zona de Almería; con medidas de ese tipo es como se hará posible: mejorar la vida de sus vecinos y conservar sus edificios.

E. Vázquez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Almería is not Spain

Por José A. Martínez Soler

El profesor Orejudo, de la UAL, es un hombre corajudo (valeroso, esforzado, valiente) que no tiene pelos en la lengua. Su autoentrevista en eldiario.es, no exenta de sarcasmo, termina con el título de este comentario: “Almería is not Spain“.  Este es su último párrafo:

Orejudo:

“Pues mire, qué quiere que le diga: la situación fiscal del País Vasco es cojonuda, así que me parece muy bien que se implante también en Cataluña. Lo que no sé a qué está esperando Susana Díaz para pedir que se nos aplique en Andalucía, a ver si así mejora un poco nuestra vida en Almería, que es donde yo vivo y pago el mismo IRPF que mis colegas de la Pompeu i Fabra. Lo digo porque aquí no tenemos vía férrea ni autovía que nos conecte con Málaga y Murcia, que son las dos provincias con las que limitamos. Y los viajes en avión son tan caros que a veces sale más a cuenta ir a Londres con un low cost y de allí pillar un vuelo barato a Madrid. Se lo digo con la mano en el corazón: Almería is not Spain.”

Desde luego, si qusieramos competir (que no queremos) con Cataluña y el País Vasco en victimismo, los almerienses llevaríamos las de ganar. Y con razón. Pero antes de caer en la trampa del sentimiento victimista (de la que hablamos el miércoles en nuestra tertulia de almerienses transterrados) debo declarar solemnemente que, al igual que amo a los judíos y destesto a los sionistas (como Woody Allen), también amo a los catalanes, vascos, castellanos, etc., y destesto a los nacionalistas.

Desde que existe la soberanía del pueblo español, proclamada por primera vez por sus representantes en Las Cortes de Cádiz de 1812, llevamos algo más de 200 años favoreciendo todo aquello que favorece a las regiones, nacionalidades o naciones más ricas a costa de las más pobres.

Con una mano en el corazón y otra en el monedero, a los independientistas catalanes les conviene hacer cuentas. Solo en los últimos años, en democracia, se ha tratado de compensar mínimamente la insolidaridad propia de la economía de mercado cuando el Estado no pone límites solidarios a la avaricia del capitalismo.

“Follow the money” (Siguel al dinero).

Si repasáramos la cuentas de los bancos y cajas de Ahorro de España, comprobaríamos que el ahorro de las zonas más pobres (Extremadura, Andalucía, las Castillas, etc.) ha ido a parar habitualmente a las zonas más ricas (Cataluña, Madrid, País Vasco, etc.) Es natural. Desde el punto del vista de la rentabilidad, el dinero llama al dinero.

Los independentistas deberían repasar adonde iba a parar el dinero ahorrado por todos los españoles durante la Restauración canovista y toda la dictadura de Franco. Deberían estudiar, por ejemplo, la política arancelaria de la monarquía de Alfonso XIII y el destino de los coeficientes de inversión obligatoria del sistema financiero en la dictadura y buena parte de la democracia, desde el fin de la guerra civil hasta finales de los años 80. ¿Les suena Fuerzas Eléctricas de Cataluña, Aguas de Barcelona, Altos Hornos de Vizcaya, etc, etc, etc.?

Cuando en la península ibérica solo había carreteras de tercera (salvo la ruinosa autovía Sevilla-Cadiz, de Carrero Blanco), Cataluña tenía autopistas, de pago, sí, pero autopistas.

Cadena de montaje del Seat 600 en Barcelona

Cadena de montaje del Seat 600 en Barcelona

¿Algún victimista/independentista se ha preguntado por qué se instaló la SEAT en Cataluña? Por orden directa del dictador Francisco Franco quien siempre se sintió en deuda con el capital catalán y balear que tanto le ayudó a ganar la guerra civil y consolidar su dictadura.

Es cierto que Franco maltrató a la lengua catalana, como Artur Mas maltrata a la lengua castellana, pero en asuntos de pelas, el dictador no hizo más que favorecer a Cataluña con los ahorros, entre otros, de los almerienses.

Si los independentistas catalanes pregonan que “Catalunya is not Spain”, puestos a ser victimistas, los almerienses tenemos más razones que ellos para decir que “Almería is not Spain”. Y eso que en Cataluña, los de Almería somos mayoría.

¡Ay, mi Cataluña querida! ¡Quien te ha visto y quien te ve!