Un autobús mu flamenco en Los Almendros

Un viaje en autobús desde un barrio de Almería que no tiene desperdicio. No te lo pierdas.

Me lo envía Antonio Cantón.

Orgulloso del Niño Josele, del director y de todo el equipo que han hecho posible estos cortos.

De Los Almendros a Plaza Nueva

Parte 1

http://youtu.be/EQaZW8H_u_Y

Parte 2

http://youtu.be/FwHcgdSyKbY

Parte 3

http://youtu.be/FwHcgdSyKbY

 

La recomendación

 Por E. Vázquez

Tras los cristales de la ventana, mientras recordaba los sueños contados por Antonio en el Paseo Marítimo de Almería, veía: circular  los coches, a la gente entrando y saliendo de comercios y oficinas, a los que esperaban el cambio de color del semáforo y a los que pedían limosna en las puertas de comercios y cafeterías.

Fijaba la mirada en la cola de mujeres y hombres, jóvenes y mayores, formada ante la Oficina de los Servicios Públicos de Empleo. Y reflexionaba sobre la difícil situación que, seguramente, estarían viviendo  muchas de esas personas.

Se criticaba a sí mismo, su reflexión podía ser algo exagerada, pero es que tenía grabada en el cerebro una información: la que hacía referencia a las muchas familias que, al parecer, tenían a todos sus miembros desempleados, y no percibían ningún tipo de ingresos.

¿Se puede sobrevivir así?: No.

 Se preguntaba: ¿Estarían ahí si tuvieran una recomendación?

¿Y qué es una recomendación? Pues todo trato de favor, influencia o ventaja para conseguir algo; por ejemplo: un puesto de trabajo.

            El también se respondía: No, no estarían. Y esto no nos debe llevar a pensar que es  un recomendado todo el que no ha ido a la cola del paro. Mucha gente no necesita ninguna recomendación para encontrar un empleo.

No debe confundirse nunca recomendación con referencias, se decía.

No podía dejar de pensar en lo necesario e importante que es tener un trabajo, en las dificultades para encontrarlo y en que algunas personas, tal vez muchas, de las que están en esa cola nunca ya lo encontrarían.

 Hay gente que encuentra trabajo con facilidad por tener una recomendación, pero no ignora que otra gente lo encuentra, sin ningún problema, por su valía, preparación e inteligencia.

En el mismo tren que la recomendación, con ella, viajan el enchufismo y el nepotismo, se dice.

En una sociedad, que “coloca” a millones de personas en el desempleo, es donde la recomendación adquiere su cara más rechazable. No se debe tratar de ignorar el drama  que es el desempleo y la frustración que genera.

Una sociedad donde millones de personas no tienen un horizonte, un futuro, es una sociedad enferma, injusta e insolidaria. En ese entorno la recomendación resulta todavía más intolerable.

El trabajo da independencia económica, dignidad, seguridad y libertad. Trabajar es un derecho, un deber y una necesidad. Esto le hace interrogarse sobre:

 ¿Cuántas decisiones sobre selección de personal habrán sido condicionadas por aparecer, en el “momento adecuado”, la oportuna recomendación?

¿Cuántos puestos de trabajo nunca habrán salido a una oferta pública por tener que atenderse la “ineludible” recomendación?

¿Habrá sido muchas veces una recomendación el “mérito” que decidió la adjudicación de un puesto de trabajo?

Obviamente, no podía tener respuestas concretas a esas preguntas, pero sí que estaba convencido de que la recomendación no era algo imaginario; es una realidad y una mala práctica, generadora de  una  desigualdad inadmisible.

La recomendación junto a sus compañeros de viaje, el enchufismo y el nepotismo, también puede contribuir: al mal funcionamiento de las organizaciones, a la ineficacia y a la ineficiencia; cuando en una selección de personal se valora más la recomendación que la preparación y la capacidad.

La duda, sobre si gozaron de ventajas al conseguir un `puesto de trabajo, también puede perjudicar a los presuntos “recomendados” preparados y competentes pues, casi con toda seguridad, hubiesen accedido a dichos empleos sin necesidad de ningún favoritismo.

¿Tiene la recomendación raíces profundas  en nuestra sociedad?

Tiene la impresión de que bastantes. Ciertamente, la recomendación existe; sin duda más de lo que debiera; si bien también es cierto que no siempre que hay una recomendación, ésta produce el efecto deseado.

Sabe que, en mayor o menor medida, la recomendación aparece en todas las sociedades. La diferencia suele radicar: en la forma en que se combate y en el grado de aceptación social que tiene.

Opina que en la recomendación participa: quien hace el favor, quien lo pide, quien interviene, quien pone en contacto, quien recomienda, quien ejerce influencia sobre otro para conseguir el objetivo propuesto etc.

Ante esto no vale ponerse de estupendos, de puros o de justicieros,  diciendo eso no va conmigo; las costumbres y las tradiciones propias del país, y no sólo de éste, forman parte de la vida diaria.

Cree que  nuestro país, nuestra sociedad, no está para aventuras, pero sí que tiene el convencimiento de que necesita profundas transformaciones. Hay necesidad de cambiar muchas cosas, y no son sólo normas legales.

No duda de que es necesario, y posible, desterrar esa mala práctica: la recomendación; por profundamente injusta e impropia de una sociedad moderna, y que se pretende avanzada. El camino no será corto ni, seguramente, fácil, pero merece la pena andarlo.

(E. Vázquez)

 

 

 

 

Mi sueño roto en el Cerro de San Cristóbal

Por José A. Martínez Soler

Acabo de ver en Facebook unas fotos de mi cerro favorito, lleno de basura, y me han dado mucha pena.

La muralla de Jayrán y el Cerro de San Cristobal (antes Cerro de los Yemeníes), donde se cree que vivieron Maimónides y Averroes, los dos sabios más grandes del mundo en el siglo XII, serían una maravilla si no estuvieran tan abandonados como un estercolero.

Es el mirador más espectacular de Almería. Un paisaje de diez siglos que estremece. Cuando era niño y adolescente, desde la ventana de mi cuarto, en el número 80 de la calle Juan del Olmo, yo veía la silueta de la murralla almenada de Jayrán por donde se ponía la media luna. Con mi pandilla de El Quemadero jugábamos -¡qué peligro!- por los torreones del cerro y explorábamos hasta el Hoyo de la Alcazaba.

Muralla de Jayrán (s. XI) y basura en el Cerro San Cristóbal (s. XXI)

Muralla de Jayrán (s. XI) y basura en el Cerro San Cristóbal (s. XXI)

Durante muchos años, yo soñaba con jubilarme y vivir allí. Casi lo conseguí. En la calle Loma de San Cristobal (la más alta de la ciudad) compré unas casillas en ruinas para construir mi casa.

La tapia blanca rodea la parcela donde quise construir mi casa.

La tapia blanca rodea la parcela donde quise construir mi casa. Hoy la tengo a la venta.

Quería poder pasar el resto de mi vida sobre los tejados de mi ciudad favorita, con vistas a la bahía, al Cabo de Gata y a la Sierra Alhamilla. Y escribir desde mi torrerón. Ya no. Ahora es un sueño roto.

Una enorme tragedia familiar y el abandono total del Cerro de San Cristóbal (la futura Mojácar de la ciudad de Almería, llena de artistas), en ese orden, me hicieron desistir de uno de los proyectos más bonitos de mi vida. ¡Qué lástima!

Hace unos años, el Colegio de Medicos de Almería (que presidía Chico (F. Mtz. Amo), mi compañero de pupitre en La Salle) me pidió un comentario sobre el paso de Maimónides y Averroes por Almería. Lo publicaron en un libro conmemorativo de algo que no recuerdo. Lo copio y pego a continuación:

Los dos médicos mas célebres de la Edad Media vivieron cerca de la Almedina

Maimónides acogió a Averroes en su casa de Almería

José A. Martínez Soler

Periodista

Hace años que nuestro paisano Andrés Martínez Lorca, experto averroísta, me habló de un encuentro “más que probable aunque no documentado” de los dos médicos-filósofos más grandes del siglo XII en Almería.  Como aficionado a la Edad Media y al cruce de las tres culturas, y también –¡como no!- como almeriense, me picó la curiosidad.

Fui rastreando libros nuevos y viejos hasta que di con el del polaco Abraham Josua Heschel titulado “Maimónides” (editado por Muchnik Editories, S.A., 1995, Barcelona). En la página 31, la leyenda se convirtió un poco más en historia pues dice lo siguiente:

“Maimónides tuvo una vez la oportunidad de una gran amistad espiritual: en Almería conoció a Averroes, y le ofreció refugio cuando el filósofo árabe hubo de exiliarse por su exégesis demasiado liberal del Corán”.

A partir de entonces –y gracias al “doctor Google”- encontré nuevas referencias a la relación de los dos eminentes médicos con Almería. No sabemos con certeza cuando vivió Averroes (Ibn Rushd) en la casa almeriense de Maimónides (Moses Ben Maimón).   Debió ser entre 1148 y 1157, durante los nueve años que (según Heschel) el sabio judío pasó con nuestros antepasados.

Sabemos que Maimónides (1135-1204) abandonó su casa natal y huyó con su familia cuando los fanáticos almohades tomaron Córdoba y quemaron las sinagogas en 1148, un año después de la destrucción de Almería (”hasta los cimientos”) por los cristianos bajo el mando de Alfonso VII.La familia Maimón –escribe Heschelhuyó a Almería. Pero los almohades conquistaron Almería en 1157. La familia Maimón huyó entonces a Fez”. 

Los almohades de Córdoba persiguieron también a Averroes (1126-1198), el mayor filósofo y médico árabe de la Edad Media, traductor de Aristóteles y precursor del Renacimiento, y mandaron quemar sus manuscritos. Para huir hacia el Magreb, Almería, el puerto de Al Andalus, era paso obligado.  La fama enorme de Averroes tuvo que atraer la atención de su paisano Maimónides y no es extraño que le diera refugio en su casa.

Algunas fuentes sitúan la casa del médico judío en la Almedina, cerca de la mezquita (hoy Iglesia de San Juan) y otras consideran que una familia de tan alta alcurnia hebrea debía vivir extramuros, en la judería del Cerro de los Yemeníes (hoy Loma de San Cristóbal). Incluso hay quien apunta (no tengo las fuentes a mano) que el médico, filósofo y teólogo judío más grande de la Edad Media casó con una moza almeriense a quien llevó hasta Egipto donde fue médico de cabecera del gran sultán Saladino.  También Averroes fue encumbrado más tarde como médico de cabecera del Califa de Marrakesh.

¡Que gran ocasión histórica! Los dos médicos más sabios del mundo árabe y del mundo judío solamente estuvieron juntos, y dialogaron reunidos bajo el mismo techo,  en la ciudad de Almería. Creo que los médicos almerienses tienen una deuda con la historia: una placa, una calle o, mejor aún, una estatua de ambos célebres colegas en nuestra playa mirando al Mediterráno, apuntando uno hacia Marrakesh y el otro hacia Jerusalem. (Fin)

El 9 de diciembre de 1998, coincidiendo con el 800 aniversario de la muerte de Averrores y siendo yo profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Almería, publiqué este artículo en La Voz de Almería:

Pag. 13 de La Voz de Almería (9-XII-1998)

Pag. 13 de La Voz de Almería (9-XII-1998)