Mi sueño roto en el Cerro de San Cristóbal

Por José A. Martínez Soler

Acabo de ver en Facebook unas fotos de mi cerro favorito, lleno de basura, y me han dado mucha pena.

La muralla de Jayrán y el Cerro de San Cristobal (antes Cerro de los Yemeníes), donde se cree que vivieron Maimónides y Averroes, los dos sabios más grandes del mundo en el siglo XII, serían una maravilla si no estuvieran tan abandonados como un estercolero.

Es el mirador más espectacular de Almería. Un paisaje de diez siglos que estremece. Cuando era niño y adolescente, desde la ventana de mi cuarto, en el número 80 de la calle Juan del Olmo, yo veía la silueta de la murralla almenada de Jayrán por donde se ponía la media luna. Con mi pandilla de El Quemadero jugábamos -¡qué peligro!- por los torreones del cerro y explorábamos hasta el Hoyo de la Alcazaba.

Muralla de Jayrán (s. XI) y basura en el Cerro San Cristóbal (s. XXI)

Muralla de Jayrán (s. XI) y basura en el Cerro San Cristóbal (s. XXI)

Durante muchos años, yo soñaba con jubilarme y vivir allí. Casi lo conseguí. En la calle Loma de San Cristobal (la más alta de la ciudad) compré unas casillas en ruinas para construir mi casa.

La tapia blanca rodea la parcela donde quise construir mi casa.

La tapia blanca rodea la parcela donde quise construir mi casa. Hoy la tengo a la venta.

Quería poder pasar el resto de mi vida sobre los tejados de mi ciudad favorita, con vistas a la bahía, al Cabo de Gata y a la Sierra Alhamilla. Y escribir desde mi torrerón. Ya no. Ahora es un sueño roto.

Una enorme tragedia familiar y el abandono total del Cerro de San Cristóbal (la futura Mojácar de la ciudad de Almería, llena de artistas), en ese orden, me hicieron desistir de uno de los proyectos más bonitos de mi vida. ¡Qué lástima!

Hace unos años, el Colegio de Medicos de Almería (que presidía Chico (F. Mtz. Amo), mi compañero de pupitre en La Salle) me pidió un comentario sobre el paso de Maimónides y Averroes por Almería. Lo publicaron en un libro conmemorativo de algo que no recuerdo. Lo copio y pego a continuación:

Los dos médicos mas célebres de la Edad Media vivieron cerca de la Almedina

Maimónides acogió a Averroes en su casa de Almería

José A. Martínez Soler

Periodista

Hace años que nuestro paisano Andrés Martínez Lorca, experto averroísta, me habló de un encuentro “más que probable aunque no documentado” de los dos médicos-filósofos más grandes del siglo XII en Almería.  Como aficionado a la Edad Media y al cruce de las tres culturas, y también –¡como no!- como almeriense, me picó la curiosidad.

Fui rastreando libros nuevos y viejos hasta que di con el del polaco Abraham Josua Heschel titulado “Maimónides” (editado por Muchnik Editories, S.A., 1995, Barcelona). En la página 31, la leyenda se convirtió un poco más en historia pues dice lo siguiente:

“Maimónides tuvo una vez la oportunidad de una gran amistad espiritual: en Almería conoció a Averroes, y le ofreció refugio cuando el filósofo árabe hubo de exiliarse por su exégesis demasiado liberal del Corán”.

A partir de entonces –y gracias al “doctor Google”- encontré nuevas referencias a la relación de los dos eminentes médicos con Almería. No sabemos con certeza cuando vivió Averroes (Ibn Rushd) en la casa almeriense de Maimónides (Moses Ben Maimón).   Debió ser entre 1148 y 1157, durante los nueve años que (según Heschel) el sabio judío pasó con nuestros antepasados.

Sabemos que Maimónides (1135-1204) abandonó su casa natal y huyó con su familia cuando los fanáticos almohades tomaron Córdoba y quemaron las sinagogas en 1148, un año después de la destrucción de Almería (”hasta los cimientos”) por los cristianos bajo el mando de Alfonso VII.La familia Maimón –escribe Heschelhuyó a Almería. Pero los almohades conquistaron Almería en 1157. La familia Maimón huyó entonces a Fez”. 

Los almohades de Córdoba persiguieron también a Averroes (1126-1198), el mayor filósofo y médico árabe de la Edad Media, traductor de Aristóteles y precursor del Renacimiento, y mandaron quemar sus manuscritos. Para huir hacia el Magreb, Almería, el puerto de Al Andalus, era paso obligado.  La fama enorme de Averroes tuvo que atraer la atención de su paisano Maimónides y no es extraño que le diera refugio en su casa.

Algunas fuentes sitúan la casa del médico judío en la Almedina, cerca de la mezquita (hoy Iglesia de San Juan) y otras consideran que una familia de tan alta alcurnia hebrea debía vivir extramuros, en la judería del Cerro de los Yemeníes (hoy Loma de San Cristóbal). Incluso hay quien apunta (no tengo las fuentes a mano) que el médico, filósofo y teólogo judío más grande de la Edad Media casó con una moza almeriense a quien llevó hasta Egipto donde fue médico de cabecera del gran sultán Saladino.  También Averroes fue encumbrado más tarde como médico de cabecera del Califa de Marrakesh.

¡Que gran ocasión histórica! Los dos médicos más sabios del mundo árabe y del mundo judío solamente estuvieron juntos, y dialogaron reunidos bajo el mismo techo,  en la ciudad de Almería. Creo que los médicos almerienses tienen una deuda con la historia: una placa, una calle o, mejor aún, una estatua de ambos célebres colegas en nuestra playa mirando al Mediterráno, apuntando uno hacia Marrakesh y el otro hacia Jerusalem. (Fin)

El 9 de diciembre de 1998, coincidiendo con el 800 aniversario de la muerte de Averrores y siendo yo profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Almería, publiqué este artículo en La Voz de Almería:

Pag. 13 de La Voz de Almería (9-XII-1998)

Pag. 13 de La Voz de Almería (9-XII-1998)

 

 

Paseando por “La Almería Vieja”

Por Enrique Vázquez

Esta mañana, temprano, he salido a dar un paseo por “La Almería Vieja”. Para mí la parte de la ciudad que se extiende desde la Rambla hacia la Pescadería. Hoy creo que administrativamente se le denomina Distrito de Poniente.
La temperatura era ideal, la tranquilidad de las calles un placer, su limpieza razonablemente buena, especialmente hasta la altura de las plazas de la Catedral y Administración Vieja. Conforme avanzabas en dirección Málaga se deterioraba algo pero no en exceso.
El Parque de Nicolás Salmerón, desde un extremo al otro, estaba muy agradable. Algunas cosas en él, sin duda, son mejorables. Se respiraba esa mezcla de olor a plantas y mar que hace que recuerdes a Almería cuando no estás en ella.
Todo resultaba positivo y reconfortante. Percibías una Almería con un sabor especial, andar por sus calles te animaba y motivaba, sólo había algo que te desmoralizaba. Los inmuebles, bastantes y de todo tipo, que al pasear ves cerrados, deteriorados, como olvidados.
Esa situación creo que no es aceptable. El derecho de propiedad, ética y constitucionalmente, no es ilimitado. A mi entender, ese derecho obliga o, al menos, debería obligar a la conservación y mantenimiento de dichos edificios.
Se podrán utilizar más o menos esos inmuebles pero sí parece necesario el que se conserven, se pinten y se adopten las mínimas y elementales medidas de seguridad. No es razonable que una calle o una plaza ofrezcan un aspecto poco agradable, a veces desagradable, porque haya allí un edificio abandonado a su suerte.
Mucha gente joven se ha tenido que ir a vivir a extremos de la ciudad, incluso a pueblos vecinos, esto desertiza y deteriora el centro histórico de la ciudad. Mientras tanto cantidades importantes de suelo permanecen inutilizadas, esto no es razonable desde ningún aspecto que se mire. La alternativa es rehabilitar y, en su caso, promover construcciones nuevas, acordes con la zona y su entorno.
Y no se trata de ser negativos y pesimistas en todo y con todos, en este mismo paseo, y en otros, he podido observar actuaciones, para mí, muy correctas y positivas.
No es nada lógico lo que está ocurriendo con el edificio del Ayuntamiento. Años y años, once creo, sin que se termine su rehabilitación.
El edificio de un Ayuntamiento en esas condiciones, y tantos años, es una muestra de lo que ocurre en una ciudad. Y creo que es indiferente que se echen las culpas a las autoridades locales, autonómicas o de cualquier otro ámbito. Es responsabilidad pienso que de todos, hasta de los ciudadanos que, en alguna forma, lo soportamos y toleramos.
Es inaceptable lo del Hospital Provincial y me remito a lo dicho en el párrafo anterior.
E igualmente me vale dicho párrafo para todos los edificios en la misma situación, sean éstos de titularidad pública o privada. Incluso admitiendo lo difícil que resulta plantear exigencias a los propietarios privados cuando ellos ven lo que ocurre con los edificios de propiedad pública.
Y los inmuebles mencionados no son unos edificios cualesquiera, son el Ayuntamiento y el Hospital Provincial.
Ha habido y hay planes dirigidos a la rehabilitación de inmuebles, éstos han permitido actuaciones positivas e interesantes. Obviamente, es obligado felicitar a sus promotores, sean éstos públicos o privados, pero han sido, creo, insuficientes.
Son conocidas la situación económica, las limitaciones presupuestarias de las administraciones y los problemas de los ciudadanos para ir viviendo, para ir tirando de la vida.
No obstante lo anterior, con los plazos adecuados, con la prudencia exigida y con el sentido común necesario, se debería elaborar un plan de actuación que contemple todos los aspectos (no me gusta la expresión integral por lo mucho que se ha utilizado, parece que se ha convertido en una palabra comodín pero sí “un plan integral”) y que permita rehabilitar y, en su caso, reformar “La Almería Vieja”.
Sería muy interesante que ese plan se redactase con el acuerdo de todos los agentes sociales y fundamentalmente de los grupos políticos, sobre todo por la continuidad de las actuaciones. En cualquier caso, éstos, los grupos políticos, tienen las próximas elecciones municipales para presentar sus proyectos.
Algún día la gente de Almería y sus visitantes podrían decir me voy a pasear, a comer, a cenar, o a comprar a “La Almería Vieja”. Una “Almería Vieja”, atractiva y bien conservada, vigilada por la Alcazaba.

Enrique Vázquez Moreno

——