Las memorias de Siles acarician y arañan el corazón

Acabo de leer, casi de un tirón, un libro sencillo y espléndido, de esos que te hacen cosquillas, que te acarician y arañan el corazón.

La Puerta Purchena (1950), portada del libro de José Siles Artés.

La Puerta Purchena (1950), portada del libro de José Siles Artés.

Son las memorias de José Siles Artés desde 1939 a 1943 (“Desde el Malecón”) y de 1943 a 1950 (“Al pie de la Alcazaba”). Recomiendo su lectura especialmente a los amantes y/o sufridores de Almería.

Está escrito con cariño y mesura, sin resentimiento, con un lenguage limpio, nada barroco, casi cinematográfico. Y es tan tan local que ciertos pasajes adquieren un valor casi universal.

No se si mi reacción es exgeradamente favorable o sesgada porque Pepe Siles (a quien no conozco personalmente) retrata paisajes de mi infancia y adolescencia (en “La Rumina”, entre Garrucha y Mojácar). Quizás también porque, como emigrante almeriense, sus páginas me han provocado un ataque de nostalgia. El caso es que sus memorias han removido mis recuerdos y me han emocionado.  (¡Ay, Mojácar, quien te ha visto y quien te ve! )

Es un libro casi de autoayuda para que los almerienses de la postguerra podamos conocernos mejor (incluso perdonarnos) a nosotros mismos.

José Siles Artés

José Siles Artés

Y, gracias al Instituto de Estudios Almerienses (IEA) que lo ha editado, he podido localizar al autor para felicitarle y darle las gracias por los buenos ratos que he pasado leyendo su obra.

La verdad es que no solo me ha dado un ataque de nostalgia. También un ataque de admiración y sana envidia. En los últimos 50 años, llevo escritos y publicados miles de folios para la prensa, la radio y la televisión. Y, ahora, al año de jubilarme como periodista y profesor universitario, me doy cuenta de que apenas he publicado unos pocos folios que traten de mi propia vida o de las personas o paisajes que quiero. Solo obituarios en La Voz de Almería. Debe ser difícil mirarse a uno mismo desde fuera… Pues nuestro paisano Pepe Siles lo consigue y lo hace con la sencillez de un maestro que sabe lo que se trae entre manos.

Al contar su infancia, adolescencia y juventud en Garrucha y Almería, Siles nos está retratando a muchos almerienses de aquellos años. También los jóvenes de hoy (que no estuvieron allí) disfrutarán con la lectura de este libro. Aprenderán a comprender a sus abuelos y a saber de donde vienen.

Los años de la Guerra Civil y la postguerra fueron de penuria, de miseria y de hambre, pero también de solidaridad para sobrevivir en aquella sociedad putrefacta de la Dictadura y del nacionalcatolicismo. El 1 de abril de 1939 acabó la guerra. Pero no del todo. Ese día, empezó la Victoria. Al describir aquella vida de mierda, de injusticia y de ignorancia, Siles lo hace con los ojos de la infancia, de la pubertad, de la juventud que tiene un presente oscuro y un futuro brillante. Sobre el estiércol de la Dictadura, José Siles coloca gotas de rocío… Su libro tiene el valor de la ternura… y el perdón.

Gracias, paisano.Te debo una copa.

 

Mi sueño roto en el Cerro de San Cristóbal

Por José A. Martínez Soler

Acabo de ver en Facebook unas fotos de mi cerro favorito, lleno de basura, y me han dado mucha pena.

La muralla de Jayrán y el Cerro de San Cristobal (antes Cerro de los Yemeníes), donde se cree que vivieron Maimónides y Averroes, los dos sabios más grandes del mundo en el siglo XII, serían una maravilla si no estuvieran tan abandonados como un estercolero.

Es el mirador más espectacular de Almería. Un paisaje de diez siglos que estremece. Cuando era niño y adolescente, desde la ventana de mi cuarto, en el número 80 de la calle Juan del Olmo, yo veía la silueta de la murralla almenada de Jayrán por donde se ponía la media luna. Con mi pandilla de El Quemadero jugábamos -¡qué peligro!- por los torreones del cerro y explorábamos hasta el Hoyo de la Alcazaba.

Muralla de Jayrán (s. XI) y basura en el Cerro San Cristóbal (s. XXI)

Muralla de Jayrán (s. XI) y basura en el Cerro San Cristóbal (s. XXI)

Durante muchos años, yo soñaba con jubilarme y vivir allí. Casi lo conseguí. En la calle Loma de San Cristobal (la más alta de la ciudad) compré unas casillas en ruinas para construir mi casa.

La tapia blanca rodea la parcela donde quise construir mi casa.

La tapia blanca rodea la parcela donde quise construir mi casa. Hoy la tengo a la venta.

Quería poder pasar el resto de mi vida sobre los tejados de mi ciudad favorita, con vistas a la bahía, al Cabo de Gata y a la Sierra Alhamilla. Y escribir desde mi torrerón. Ya no. Ahora es un sueño roto.

Una enorme tragedia familiar y el abandono total del Cerro de San Cristóbal (la futura Mojácar de la ciudad de Almería, llena de artistas), en ese orden, me hicieron desistir de uno de los proyectos más bonitos de mi vida. ¡Qué lástima!

Hace unos años, el Colegio de Medicos de Almería (que presidía Chico (F. Mtz. Amo), mi compañero de pupitre en La Salle) me pidió un comentario sobre el paso de Maimónides y Averroes por Almería. Lo publicaron en un libro conmemorativo de algo que no recuerdo. Lo copio y pego a continuación:

Los dos médicos mas célebres de la Edad Media vivieron cerca de la Almedina

Maimónides acogió a Averroes en su casa de Almería

José A. Martínez Soler

Periodista

Hace años que nuestro paisano Andrés Martínez Lorca, experto averroísta, me habló de un encuentro “más que probable aunque no documentado” de los dos médicos-filósofos más grandes del siglo XII en Almería.  Como aficionado a la Edad Media y al cruce de las tres culturas, y también –¡como no!- como almeriense, me picó la curiosidad.

Fui rastreando libros nuevos y viejos hasta que di con el del polaco Abraham Josua Heschel titulado “Maimónides” (editado por Muchnik Editories, S.A., 1995, Barcelona). En la página 31, la leyenda se convirtió un poco más en historia pues dice lo siguiente:

“Maimónides tuvo una vez la oportunidad de una gran amistad espiritual: en Almería conoció a Averroes, y le ofreció refugio cuando el filósofo árabe hubo de exiliarse por su exégesis demasiado liberal del Corán”.

A partir de entonces –y gracias al “doctor Google”- encontré nuevas referencias a la relación de los dos eminentes médicos con Almería. No sabemos con certeza cuando vivió Averroes (Ibn Rushd) en la casa almeriense de Maimónides (Moses Ben Maimón).   Debió ser entre 1148 y 1157, durante los nueve años que (según Heschel) el sabio judío pasó con nuestros antepasados.

Sabemos que Maimónides (1135-1204) abandonó su casa natal y huyó con su familia cuando los fanáticos almohades tomaron Córdoba y quemaron las sinagogas en 1148, un año después de la destrucción de Almería (”hasta los cimientos”) por los cristianos bajo el mando de Alfonso VII.La familia Maimón –escribe Heschelhuyó a Almería. Pero los almohades conquistaron Almería en 1157. La familia Maimón huyó entonces a Fez”. 

Los almohades de Córdoba persiguieron también a Averroes (1126-1198), el mayor filósofo y médico árabe de la Edad Media, traductor de Aristóteles y precursor del Renacimiento, y mandaron quemar sus manuscritos. Para huir hacia el Magreb, Almería, el puerto de Al Andalus, era paso obligado.  La fama enorme de Averroes tuvo que atraer la atención de su paisano Maimónides y no es extraño que le diera refugio en su casa.

Algunas fuentes sitúan la casa del médico judío en la Almedina, cerca de la mezquita (hoy Iglesia de San Juan) y otras consideran que una familia de tan alta alcurnia hebrea debía vivir extramuros, en la judería del Cerro de los Yemeníes (hoy Loma de San Cristóbal). Incluso hay quien apunta (no tengo las fuentes a mano) que el médico, filósofo y teólogo judío más grande de la Edad Media casó con una moza almeriense a quien llevó hasta Egipto donde fue médico de cabecera del gran sultán Saladino.  También Averroes fue encumbrado más tarde como médico de cabecera del Califa de Marrakesh.

¡Que gran ocasión histórica! Los dos médicos más sabios del mundo árabe y del mundo judío solamente estuvieron juntos, y dialogaron reunidos bajo el mismo techo,  en la ciudad de Almería. Creo que los médicos almerienses tienen una deuda con la historia: una placa, una calle o, mejor aún, una estatua de ambos célebres colegas en nuestra playa mirando al Mediterráno, apuntando uno hacia Marrakesh y el otro hacia Jerusalem. (Fin)

El 9 de diciembre de 1998, coincidiendo con el 800 aniversario de la muerte de Averrores y siendo yo profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Almería, publiqué este artículo en La Voz de Almería:

Pag. 13 de La Voz de Almería (9-XII-1998)

Pag. 13 de La Voz de Almería (9-XII-1998)